lunes 25 de febrero de 2008

El canto de los ruiseñores

Esta mañana, al despertar, de la oscuridad ha surgido el potente canto de un ruiseñor, atravesando el ventanal del balcón y las contraventanas. He imaginado al ave diminuta entre las ramas del tilo que asoma tras la tapia de nuestro patio, en el claustro inverosímil de una iglesia de ciudad.

No ha sido una sorpresa. Lo fue hace diez años. No uno, sino varios ruiseñores compitiendo con virtuosas fugas, réplicas, solos, dúos, concertantes, en el centro de una gran ciudad. De mi ciudad. Desde entonces he esperado y anotado en un diario inexistente el primer día del anual retorno del canto de los ruiseñores.

Hoy será él último asentamiento. Hoy será otro largo, difícil día de despedida.