Hace mucho tiempo -tanto como quince años, si debemos creer la fecha de su dedicatoria- Ossip me regaló un libro rojo y dorado. Se trata del "Jorge Luis Borges", de Marcos Ricardo Barnatán, publicado en 1972 por Ediciones Júcar.
En él encontré
"A RAFAEL CANSINOS-ASSÉNS
Larga y final andanza sobre la arrebatada exaltación del ala del viaducto.
El viento, a nuestros pies, busca velámenes,
y las estrellas laten intensidad.
Bien paladeado el gusto de la noche, traspasados de sombra, vuelta ya una costumbre de nuestra carne la noche.
Noche postrer de nuestro diálogo,
antes de que nos separen las leguas.
Aun es nuestro el silencio
donde como praderas resplandecen las voces.
Aun el alba es un pájaro perdido
en la vileza más remota del mundo.
Última noche resguardada
del gran viento de ausencia.
Es trágica la entraña del adiós
como de todo acontecer en que es notorio el tiempo.
Es duro realizar que ni tendremos
en común las estrellas.
Cuando la tarde sea quietud en mi patio,
de tus carillas surgirá la mañana.
Será la sombra de mi verano tu invierno
y tu luz será gloria de mi sombra.
Aun persistimos juntos.
Aun las dos veces consiguen convivir,
como la intensidad y la ternura en las puestas de sol."
Cinco años antes, Mimianna también había escogido la literatura para obsequiarme y un ejemplar de la primera edición de las "Obras Completas" de Borges, publicadas por EMECE ese 1987, ya hacía tiempo que sufría mi lectura asidua.
Me sorprendió, por tanto, que esos versos, que tocaban uno de mis temas recurrentes, no me fueran familiares. La -primera- explicación era sencilla. El poema, que Ricardo Barnatán incluía en el libro "Luna de Enfrente", no aparecía ni en ese ni en cualquiera otro de los recopilados en las Obras.
La segunda explicación, el porqué de esta ausencia, no se me aparece tan sencilla. Es fácil recurrir a suposiciones lógicas y, por eso, pedestres: un simple olvido, un error de los responsables de la edición; o la posibilidad de que Borges en vida o María Kodama, después, hubieran abominado de un texto de juventud considerándolo desdeñable.
Muchas más explicaciones de esta naturaleza se pueden añadir, pero estamos hablando del autor de "Tlön, Uqbar y Orbis Tertius", aquel que hizo asesinar a un gaucho para que la historia recrease la muerte del César. ¿Podemos conformarnos con tan leves interpretaciones? Yo, confieso, desde que descubrí esta distorsión en el continuo de la obra de Borges, releo estos versos con una mezcla de deleite y aprensión. Como lo que sentimos en la boca de estómago cuando nos asomamos, de pie, a un precipicio ante el mar.
A mí, este poema me abisma.
En él encontré
"A RAFAEL CANSINOS-ASSÉNS
Larga y final andanza sobre la arrebatada exaltación del ala del viaducto.
El viento, a nuestros pies, busca velámenes,
y las estrellas laten intensidad.
Bien paladeado el gusto de la noche, traspasados de sombra, vuelta ya una costumbre de nuestra carne la noche.
Noche postrer de nuestro diálogo,
antes de que nos separen las leguas.
Aun es nuestro el silencio
donde como praderas resplandecen las voces.
Aun el alba es un pájaro perdido
en la vileza más remota del mundo.
Última noche resguardada
del gran viento de ausencia.
Es trágica la entraña del adiós
como de todo acontecer en que es notorio el tiempo.
Es duro realizar que ni tendremos
en común las estrellas.
Cuando la tarde sea quietud en mi patio,
de tus carillas surgirá la mañana.
Será la sombra de mi verano tu invierno
y tu luz será gloria de mi sombra.
Aun persistimos juntos.
Aun las dos veces consiguen convivir,
como la intensidad y la ternura en las puestas de sol."
Cinco años antes, Mimianna también había escogido la literatura para obsequiarme y un ejemplar de la primera edición de las "Obras Completas" de Borges, publicadas por EMECE ese 1987, ya hacía tiempo que sufría mi lectura asidua.
Me sorprendió, por tanto, que esos versos, que tocaban uno de mis temas recurrentes, no me fueran familiares. La -primera- explicación era sencilla. El poema, que Ricardo Barnatán incluía en el libro "Luna de Enfrente", no aparecía ni en ese ni en cualquiera otro de los recopilados en las Obras.
La segunda explicación, el porqué de esta ausencia, no se me aparece tan sencilla. Es fácil recurrir a suposiciones lógicas y, por eso, pedestres: un simple olvido, un error de los responsables de la edición; o la posibilidad de que Borges en vida o María Kodama, después, hubieran abominado de un texto de juventud considerándolo desdeñable.
Muchas más explicaciones de esta naturaleza se pueden añadir, pero estamos hablando del autor de "Tlön, Uqbar y Orbis Tertius", aquel que hizo asesinar a un gaucho para que la historia recrease la muerte del César. ¿Podemos conformarnos con tan leves interpretaciones? Yo, confieso, desde que descubrí esta distorsión en el continuo de la obra de Borges, releo estos versos con una mezcla de deleite y aprensión. Como lo que sentimos en la boca de estómago cuando nos asomamos, de pie, a un precipicio ante el mar.
A mí, este poema me abisma.
