lunes, 17 de diciembre de 2007

El caso del poema desaparecido.

Hace mucho tiempo -tanto como quince años, si debemos creer la fecha de su dedicatoria- Ossip me regaló un libro rojo y dorado. Se trata del "Jorge Luis Borges", de Marcos Ricardo Barnatán, publicado en 1972 por Ediciones Júcar.

En él encontré

"A RAFAEL CANSINOS-ASSÉNS

Larga y final andanza sobre la arrebatada exaltación del ala del viaducto.
El viento, a nuestros pies, busca velámenes,
y las estrellas laten intensidad.
Bien paladeado el gusto de la noche, traspasados de sombra, vuelta ya una costumbre de nuestra carne la noche.
Noche postrer de nuestro diálogo,
antes de que nos separen las leguas.
Aun es nuestro el silencio
donde como praderas resplandecen las voces.
Aun el alba es un pájaro perdido
en la vileza más remota del mundo.
Última noche resguardada
del gran viento de ausencia.
Es trágica la entraña del adiós
como de todo acontecer en que es notorio el tiempo.
Es duro realizar que ni tendremos
en común las estrellas.
Cuando la tarde sea quietud en mi patio,
de tus carillas surgirá la mañana.
Será la sombra de mi verano tu invierno
y tu luz será gloria de mi sombra.
Aun persistimos juntos.
Aun las dos veces consiguen convivir,
como la intensidad y la ternura en las puestas de sol."

Cinco años antes, Mimianna también había escogido la literatura para obsequiarme y un ejemplar de la primera edición de las "Obras Completas" de Borges, publicadas por EMECE ese 1987, ya hacía tiempo que sufría mi lectura asidua.

Me sorprendió, por tanto, que esos versos, que tocaban uno de mis temas recurrentes, no me fueran familiares. La -primera- explicación era sencilla. El poema, que Ricardo Barnatán incluía en el libro "Luna de Enfrente", no aparecía ni en ese ni en cualquiera otro de los recopilados en las Obras.

La segunda explicación, el porqué de esta ausencia, no se me aparece tan sencilla. Es fácil recurrir a suposiciones lógicas y, por eso, pedestres: un simple olvido, un error de los responsables de la edición; o la posibilidad de que Borges en vida o María Kodama, después, hubieran abominado de un texto de juventud considerándolo desdeñable.

Muchas más explicaciones de esta naturaleza se pueden añadir, pero estamos hablando del autor de "Tlön, Uqbar y Orbis Tertius", aquel que hizo asesinar a un gaucho para que la historia recrease la muerte del César. ¿Podemos conformarnos con tan leves interpretaciones? Yo, confieso, desde que descubrí esta distorsión en el continuo de la obra de Borges, releo estos versos con una mezcla de deleite y aprensión. Como lo que sentimos en la boca de estómago cuando nos asomamos, de pie, a un precipicio ante el mar.

A mí, este poema me abisma.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Ante la puerta del laberinto

Hoy tengo cuarenta años.
No puedo afirmar que lo que llevo vivido haya sido un derroche de aventuras, viajes imposibles o grandes experiencias. Normalito, lo más. Aunque tampoco tengo derecho a la queja, ni por asomo. He conocido, y conozco, el amor largo en el tiempo, profundo, maduro y apasionado. Tengo una hija pequeña (¿necesitamos más explicaciones?). Hasta tengo la suerte de contar con algún amigo. No he sufrido guerras ni enfermedades y todavía no me falta ninguno de mis seres queridos. No tengo derecho a la queja, desde luego.
Pero hoy, que tengo cuarenta años, me encuentro a punto de iniciar un nuevo proyecto. Un cambio de vida. Y no sé si es cansancio lo que pesa en mis hombros. O miedo.
La puerta del laberinto se abre ya casi a mi espalda y me acabo de dar cuenta que no sobraría un ovillo, si no para volver, que volver es imposible, sí para mantener el nexo con lo que fui y urdir lo que puede que llegue a ser.